lunes, 7 de diciembre de 2009

Kraftkwerk - The Catalogue


Kraftwerk
The Catalogue
[Astralwerks/Mute, 2009]
9.2

Las bandas y artistas legendarios corren un riesgo: a sus obras se acude cómo a catedrales y museos. En completo silencio y con el riesgo de caer en una peligrosa solemnidad. Quizás bostecemos a mitad del recorrido, cansados después de meditar vehementemente en la intensidad del efecto que la obra que contemplamos, a una siempre segura y sana distancia, ha tenido en trabajos a los que nos acercamos más por gozo y fines lúdicos que por el sentimiento de que tenemos-que-hacerlo.

Es por eso que hay que abordar tales obras como el niño que contempla por primera vez una escultura o una pintura abstracta. Lejos de preguntarse que significa o a que ismo está inscrita, el niño captura sin saberlo la esencia primigenia de la obra: el color, la textura, la magia implícita del movimiento. Tal vez después tendrá el tiempo y la madurez necesaria para analizar la obra de forma incansable desde todas las posibles perspectivas, quizás tenga suerte y se quede con el sutil recuerdo de una masa de color, forma y textura que lo tomo por sorpresa.

Decirlo siempre es más fácil que hacerlo. La ironía radica en que sin saber primero el enorme prestigio del que el cuarteto alemán goza entre el cognoscenti, uno lo pensaría dos veces antes de aventurarse a escuchar los 8 LP’s que conforman The Catalogue, la más reciente retrospectiva de Kraftwerk: Uno tendrá que saber antes que sin ellos la música de los últimos treinta años sonaría completamente distinta, que el hip-hop, el trance, el house, el ambient y todos sus hijos legítimos y bastardos no hubieran logrado ver la luz. Y es que la influencia del catálogo es devastadora, comparable sólo al también recientemente publicado box-set de The Beatles, o a uno aun inexistente pero posible que abarque la conversión eléctrica de Dylan a mediados de los 60’s. El reto está en tomar cualquier álbum cuyo año de lanzamiento se encuentre entre 1977 y 2009 y no hallar de manera obvia o implícita la influencia de una obra que halla se justa presentación en esta caja, debidamente remasterizada.

Pero la verdadera magia se halla más allá de la superficie brillante y los condecoraciones recién pulidas. ¿O no? Tal vez uno tenga que hacerse a la idea, y abordarlo como lo que es: un documento histórico insuperable.

The Flaming Lips - Watching the Planets [Live]

A band out of time...

Ironía: pocos grupos tan experimentales, tan progresivos (en el mejor de los sentidos), tan propositivos y a la vez tan accesibles, tan cercanos al público. Y eso que su nombre pesa desde hace ma´s de una década y que tienen contrato con una poderosa disquera del mainstream. Creo que es tarde (si diez años de éxito y "Do You Realize?" no lo hicieron, nada lo hará) para decir Will success spoil the Flaming lips?

The Flaming Lips - Embryonic


The Flaming Lips
Embryonic
[Warner Bros, 2009]
9.8

Tan cierto como que la hora más oscura es justo antes del amanecer, lo es que la hora más tranquila es junto antes de la tormenta. Como en una película de miedo, donde el viento arrastra a las hojas secas justo antes de que lo peor suceda, Embryonic, tiene el sentimiento de un réquiem. ¿Para o por qué? Difícil saberlo. La voz de Wayne Coyne es funebre, el bajo de Michael Ivins es amenazador a la Paul Simonon en London Calling, y la batería de Steven Drozd alcanza cotas tribales.

Resulta siempre difícil hablar de un álbum tan abstracto, de tono tan experimental. ¿Qué puede uno decir de la participación de Karen O, vocalista de The Yeah Yeah Yeah’s, grabada por Coyne a través del teléfono? La idea es tan arriesgada que su éxito parece monolítico. La voz que dice “She said I can be a wolf/ I can be a finch/ I can be a jaguar/ Or a locust on the bridge” suena aún más vulnerable, frágil cuando cada linea es rematada por los sonidos animales que una juguetona voz suelta al otro lado de la línea.

Las canciones parecen inacabadas y así deben serlo. Parece que el escucha debe terminar solo el viaje después de que “Watching the Planets”, a pesar de sus casi 5 minutos y medios, parezca terminar antes de tiempo. Después de todo, con noise, caos, fragilidad humana, demasiado humana; desolación interestelar, depresión cósmica y psicodélica soledad, el viaje resulta placentero, porque uno siente que ha visto algo más allá de los confines de la dimensión a la que, valga la redundancia, estamos confinados, sin aparente solución.

Standout Track: Watching the Planets

Neon Indian - Psychic Chasms


Neon Indian
Psychic Chasms
[Lefse, 2009]
9.6

Los casi 80 minutos que el CD pueden proveer a músicos y escuchas desde mediados de los 80’s pueden verse como una bendición o un castigo de los dioses. Si bien nadie cometería el atrevimiento de levantar la voz en contra de la posibilidad de reunir en el mismo espacio los 27 #1 de The Beatles o todos los temas de Blonde on Blonde no hay duda que el formato no ha estado libre de excesos. Si ahora las reediciones de viejos clásicos se engalana con bonus tracks, tomas alternas o versiones en vivo, es porque en su momento productores y músicos tenían que descartar su material más débil, dejando, o al menos eso queremos suponer, lo mejor de su trabajo en el tracklist final. Duplicar el espacio disponible permitió a los artistas incluir todo, lo sublime y lo mediocre, lo fuerte y lo débil, lo mágico y lo aburrido. Así la industria comenzó a cavar su tumba. No sólo el formato podía copiarse en casa, sino que ahora exigía mayores cantidades de tiempo para consumir el producto. Y llego la autoindulgencia, y de pronto los solos de guitarra de 20 minutos podían dar paso a uno de batería de 15 y improvisaciones de 30. Los músicos habían hallado la tierra prometida, los virtuosos podían dar rienda suelto a su onanismo, pero ¿y el público? Nunca faltaran los masoquistas, los obsesivos del sonido y los geeks que pasan el fin de semana en casa, pero ¿y el público de a pie, el que solo tiene un par de horas para hallar en la música un solaz breve pero consistente de la vida cotidiana?

Por eso se agradece que Psychic Chasm, el LP debut de Neon Indian, el brainchild de Alan Palomo; dure poco más de media hora. También se agradece su sonido que, irónicamente, resulta refrescante, echando mano de elementos retros, provenientes del corazón mismo de los 80’s, del synth pop y, porqué no, sonidos que nos transportan a un juego de atari. Y si el sonido parece gastado, es porque intenta con éxito recordarnos lo que era escuchar un casete, gastado hasta sus límites, envolviéndonos en una nostalgia kitsch, un tanto condescendiente, siempre romántica y dulce. Larga vida a décadas pasadas, a las distorsionadas voces infantiles que parecen salir de una película de adolescentes sexosos que quieren colarse a ver una película porno, a los viajes de ácido fuera de tiempo y lugar en una fiesta de XV, que sobretodo, terminan siempre a tiempo, como los breves romances que no se ensucian con la rutina.

Standout Track: Deadbeat Summer

Atlas Sound - Logos


Atlas Sound
Logos
[Kranky, 2009]
9.2

La década agoniza. En unos cuantos días su cadáver comenzará a apestar. But we have the music… Crisis por todos lados, recesión, depresión, económica y psicológicamente colectiva. High water everywhere… pero seguimos teniendo la música. No fue una mala década después de todo. Una increible variedad de estilos, gracias en parte, sin duda alguna, a lo relativamente fácil que resulta hacer música. Así el quehacer musical se acerca cada vez más al poético. De la misma manera que el poeta crea en la intimidad de su habitación-refugio, frente a un ordenador, así el músico del nuevo siglo, de “the aughts” genera paisajes musicales con un teclado y un mouse. La era de los grandes estudios se ve cada vez más lejana, los músicos de sesión tendrán que conformarse con trabajar para soundtracks de películas de serie B o bar mitzvahs y las grandes orquestas están confinadas a secundar a neo-divas y tenores crossovers o a interpretar música incidental para producciones de Disney. La música y la naturaleza amigos míos, han separado sus caminos.

Esta década que nos deja, ha sido la más revolucionaria, las más experimental, radical y agresiva desde los 60’s. Sólo que ahora los descubrimientos, las odiseas y los viajes cósmimos no intenta cambiar al mundo. La paz no sol oes imposible, además es aburrida; la comunión entre credos y etnias distintas parece cada vez más natural, dado que artistas de latitudes distintas acuden al auxilio de unos y otros en busca de ideas y motivos. Asi que al parecer no queda mas que alejarse de políticas y panfletos y encerrarse en el cuarto de edición a manipular loops, delays, reverbs y multi-layers en busca del único territorio que parece seguir siendo virgen, y que posiblemente siempre l oserá: la conciencia individual.

Parece imposible que un álbum logre sacudir al mundo como en su momento lo hicieron los de The Beatles, Led Zeppelin y Pink Floyd. Siempre habrá, de eso no hay duda, fanáticos del sonido, en busca de la edición japonesa de Funeral de Arcade FIRE o de la edición remasterizada de Beatles for Sale, pero en esta frenética era el dedicar una hora a ecuchar de principio a fin el nuevo álbum de Animal Collective o de The Black Eyed Peas parece ser un lujo que muy pocos puden darse. Quedo atrás la época del obsesivo escrutinio de letras en busca de mensajes ocultos o de intentar identificar quien es mejor baterista Keith Moon o John Bonham revisando la discografía completa de, respectivamente, The Who y Led Zeppelin. Ahora lo más razonable es llenar el iPod, o al menos la biblioteca de iTunes, con la música que nos interesa escuchar, seleccionar el modo de reproducción aleatoria y esperar con paciencia a que alguna canción nos sorprenda con un coro irresistible o una linea memorable.

Los nuevos artistas lo saben, o al menos los más visionarios. Vale la pena esperar un día nublado, de esos que últimamente abundan, mejor si además es frío y desolado; preparar un café o abrir la botella de vodka, sentarse junto a la ventana y perderse un rato mientras el más reciente disco de Bradford Cox, alias Atlas Sound, te hace redescubrir lo dulce que puede ser la melancolía, que pese a crisis y tormentas, seguirá siendo un medio universal para darle cabida a la belleza.

Standout Track: Walkabout

domingo, 6 de diciembre de 2009

The Blueprint 3 - Jay-Z


The Blueprint 3
Jay-Z
[Atlantic/Roc Nation, 2009]
6.9

Podríamos concentrarnos en cualquiera de las fallas monumentales que The Blueprint 3, el álbum de estudio número 11 de Jay-Z contiene en sus 15 tracks, pero lo haremos sólo en uno: es increíblemente aburrido. Exculparemos las sobredosis de pedantería que después de todo parecen ser requisito en el mundo del hip-hop, pasaremos por alto que se compare con Sinatra o The Beatles, inclusive trataremos de olvidar tanto la desafortunada (y afortunadamente breve) participación de Rihanna comoo que la incesante repetición de already en “Already home” sea una ofensa auditiva.

Lo peor de este disco es que es un vuelo en picada. La metafora más indicada sería que Jay-Z parece narrar su descenso, tedioso y al parecer estéril, al concreto desde la azotea del Empire Estate. Los primeros cortes (más o menos hasta “New York State of Mind” precisamente) tienen la suficiente energía para vendernos la idea de que es verdad, Jay-Z es el rey de la gran manzana, es el rey del rap y, porqué no, es el rey de la escena musical actual. Después de todo resulta comprensible: con 11 álbumes debutando en el #1 a sus espaldas cualquiera pierde el piso y coloca su pedestal al lado de los dioses congelados. Pero Jay-Z no es Sinatra, ni Elvis, ni Jagger o Lennon, y es ahí donde reconoceremos su (bajo, pero al menos existente) grado de prudencia. Sabe que su popularidad, que su estatus de leyenda solo sobrevive en Nueva York, que en el resto de EUA es una estrella y que en el resto del mundo es solo un rapero más. Y es realmente triste, porque como establece en “Off That” se ha alejado de los clichés del género.

Quizás no sea un álbum para tocar a las puertas del cielo, quizás no sobreviva la prueba del tiempo, pero tomando en cuenta el panorama completo quizá sea un buen soundtrack para el final de la década: confusión del tamaño de un iceberg y un ego, que a pesar de su elegancia y pomposidad, no es mas que un trasatlántico indefenso.

Standout track: Empire State of Mind